Cada 30 de junio, Bolivia dedica una fecha a una profesión que suele trabajar lejos del ruido, pero cerca de todo lo que sostiene la educación, la cultura y la investigación: el Día del Bibliotecario Boliviano. La conmemoración fue establecida mediante la Resolución Ministerial N° 511/07, del 28 de septiembre de 2007, en homenaje al decreto promulgado el 30 de junio de 1838 por el Mariscal Andrés de Santa Cruz, que dispuso la creación de bibliotecas públicas en el país.
La medida ordenó la creación de bibliotecas en capitales de departamento y también en las provincias Litoral y Tarija, en un momento en el que el acceso a libros, documentos y espacios de lectura comenzaba a entenderse como parte del desarrollo republicano. Desde entonces, las bibliotecas dejaron de ser únicamente depósitos de obras para convertirse en puertas de entrada al aprendizaje, la historia y la ciudadanía.

Del estante al ecosistema digital
Durante mucho tiempo, la figura del bibliotecario fue reducida a una imagen silenciosa entre anaqueles, casi como si su tarea terminara en prestar libros o pedir orden en una sala. La profesión cambió al ritmo de la tecnología, la digitalización, las bases de datos, los repositorios académicos y la circulación acelerada de información. Ahora, el bibliotecario también interpreta sistemas, organiza contenidos digitales y enseña a distinguir una fuente confiable de una ocurrencia bien disfrazada.
En el ámbito universitario, su papel es todavía más visible. Las bibliotecas académicas además de resguardar materiales: sostienen procesos de enseñanza, investigación e innovación. Ahí se define qué recursos estarán disponibles, cómo se consultarán, bajo qué criterios se organizarán y de qué manera estudiantes y docentes podrán utilizarlos con responsabilidad.

La preservación documental es otra de las tareas que vuelve indispensable esta profesión. Fotografías, periódicos, revistas, boletines, libros antiguos, tesis, investigaciones y archivos digitales forman parte de una memoria colectiva que puede deteriorarse, perderse o quedar inaccesible sin procesos técnicos adecuados. Digitalizar, catalogar, conservar y describir documentos es una forma de proteger la historia para que siga llegando a nuevas generaciones.
Su oficio custodia el pasado, ordena el presente y acompaña el futuro de la educación y la investigación en Bolivia. ¡Feliz día a todos los bibliotecarios!


